Fe, Esperanza, y Eloteros: Cómo una Organización Sin Fines de Lucro en Chicago Está Respondiendo a la Pandemia

Este artículo es parte de una serie llamada Fe en el Campo que explora las respuestas al Covid-19 – incluyendo esfuerzos de vacunación – en diferentes comunidades de fe. La serie presenta líderes de diversas razas y religiones en Estados Unidos que han compartido sus historias con IFYC a través de entrevistas personales. Además de iluminar las distintas experiencias de la pandemia a través de un lente religioso, estas entrevistas ofrecen consejos prácticos para llevar a cabo la promoción de la vacunación de manera atenta y culturalmente competente.  

La siguiente entrevista presenta a Berto Aguayo, el director ejecutivo y cofundador de Increase the Peace, una organización con sede en Chicago que aborda las causas fundamentales de la violencia a través del desarrollo de liderazgo y organización comunitaria. La entrevista fue realizada por Janett I. Cordovés para IFYC; ha sido editada y condensada por claridad.  

Interfaith Youth Core (IFYC): Muchas gracias por tener esta conversación conmigo hoy. Para todos los que están leyendo, ¿nos puede contar sobre usted y su organización? 

Berto Aguayo (BA): Soy el director ejecutivo y cofundador de Increase the Peace, una organización enfocada en prevenir la violencia a través del desarrollo de liderazgo, la promoción de políticas públicas, y la organización comunitaria de campo. Y mi contexto religioso – soy católico. Fui “hecho en México” pero crecí en Chicago. Había muchas Iglesias católicas, entonces ahí pasábamos mucho tiempo. Incluso el gimnasio que estaba disponible cuando crecíamos era en una iglesia. Y pienso que gran parte de la doctrina social católica nos preparó para… ayudar a otros, ser parte de nuestra comunidad. Dar lo poco que se tiene para ayudar a otras personas siempre fue algo que estaba arraigado dentro de nosotros y aún más cuando estudié en Dominican University, una institución católica.  

IFYCA mi también me criaron como católica, y los principios de servir a los otros y dar a los que menos tienen siempre han sido importantes para mí. Dicho esto, ¿me puede decir un poco de cómo la pandemia de Covid-19 ha afectado a su comunidad y cómo ha respondido? 

BA: Durante el principio de la pandemia, se podría decir que las comunidades como Back of the Yards [en el sur de Chicago], especialmente las comunidades latinas en las que trabajamos, donde vivo y donde nací y crecí, estaban un poco en un estado de emergencia. Estaba recibiendo llamadas de miembros de la comunidad pidiendo ayuda para los gastos funerarios. Y recuerdo llamar a las funerarias y me decían que habían sobrepasado su capacidad; aunque querían ayudar, no tenían la posibilidad de ayudar. Y luego se agrega esta [violencia] que ha sido conocida como los disturbios del 2020. Las personas peleaban en la mitad de la calle; los carros paraban, las personas entraban a la fuerza a diferentes edificios, las personas negras y morenas peleaban. Era puro caos. 

Después de eso, enfocamos nuestros esfuerzos en construir unidad entre las comunidades negras y morenas diciendo, “oye, somos más fuertes juntos.” Decidimos abrir una despensa de comida porque todas las tiendas estaban cerradas. No había cómo conseguir comida y las personas no podían pagarla. Era una despensa de comida de unidad multicultural – personas de diferentes religiones, razas, ambientes, integrándose para servir comida. Entonces, aparcamos en el estacionamiento de Walgreens … con un poco de comida. Recuerdo que los sacerdotes locales vinieron y nos dieron bolsas para poner la comida de la gente. Pensábamos, “vamos a estar aquí de 11 a 1.” Pero la línea se extendía varias manzanas. Había tanta necesidad, que no acabamos hasta las 7 p.m. Continuamente se nos acababa la comida, y continuamente íbamos a comprar más para asegurarnos de que todos tengan algo. 

Era una pandemia en una pandemia [ese verano]. La violencia era una pandemia que destrozaba nuestras comunidades. Había muchas instituciones que esperábamos que nos ayudaran en ese tiempo de necesidad, pero no estuvieron presentes. Éramos una de las pocas organizaciones intentando mantener un poco de paz, algo de apariencia de unidad. Una de las cosas que se hizo realidad para nosotros fue el dicho cursi, “somos los que hemos estado esperando.” Esto fue literalmente verdad [en estas comunidades] en ese momento. No había nadie más, nadie más iba a venir a salvarnos. Tuvimos que salvarnos a nosotros mismos. Ahora el enfoque ha cambiado a la misma necesidad con las vacunas. 

IFYC: Muchas gracias por compartir eso. Wow. Me interesa oír cómo usted personalmente navegó este tiempo de incertidumbre y aislamiento. ¿Se apoyó en su fe durante este tiempo?  

BA: Para mí, había momentos en que estaba en medio de la crisis, cuando nuestra organización estaba en medio de las revueltas y de las personas que necesitaban comida… y la fe era lo único a lo que podíamos recurrir para darnos esperanza, ¿sabes? En Dominican University, yo estudiaba en una biblioteca que estaba al lado de una capilla. De vez en cuando, iba a orar, e iba a centrarme. Durante el verano pasado, iba ahí, viajaba 45 minutos a ese lugar que yo sentía que me conectaba a tierra, porque necesitaba estar más cerca a Dios para recibir su guía. 

Y luego pienso que otra manera en la que me apoyé en la fe, fue cuando, antes de la pandemia, le había pedido a la hermana de una iglesia local que fuera mi mentora, la hermana Angie. Es una figura amada por la comunidad, tanto que tiene un sánduche en su nombre en la cafetería local. ¿Y sabes? La hermana Angie y yo tenemos una larga historia. Y en algunos de estos tiempos intensos con conflicto y tensión, yo la llamaba y ella me daba tanta sabiduría, y todavía lo hace. Tanta sabiduría y orientación. Y pude poner esa sabiduría y orientación, que ella había aprendido trabajando con la juventud en el barrio por 40 años, en práctica en la comunidad. Aunque ya no es una hermana y no puede estar en la calle tanto como yo, todavía era su trabajo, su legado, su formación religiosa que me ayudaron a navegar en el trabajo de campo.  

IFYC: Y qué decir de los líderes o mensajeros de fe en la comunidad. ¿Cómo han estado presentes durante la pandemia? 

BA: En la comunidad, vi una necesidad real de que las Iglesias e instituciones de fe fueran más accesibles. Porque la realidad era que muchas de las instituciones de fe fueron de las instituciones que nos preguntábamos, “oye, ¿dónde están todos?” Tengo muchas relaciones con líderes religiosos locales [pero] todavía recuerdo que yo llamaba a sus oficinas casi cada dos semanas acerca de tener una despensa o algo. Y eran realmente inaccesibles. Ahora hay una iglesia específica en el barrio, donde los sacerdotes tienen una gran relación [con mi organización], y la relación ya estaba ahí. Esa iglesia siempre fue accesible para nosotros.   

Pienso que es importante que nuestras instituciones de fe rindan cuentas porque son parte de la comunidad, y cuando la comunidad tiene necesidades, esos grandes espacios merecen ser accesibles para las personas. La única iglesia con la que teníamos una relación preexistente, lo que ciertamente ayudó. Pero también pienso que le incumbe a todos los líderes y comunidades religiosas construir relaciones con miembros de la comunidad.  

IFYC: También me gustaría hablar sobre los esfuerzos de vacunación en su comunidad. ¿Qué desafíos han salido a flote para la vacunación de las personas? ¿Qué enfoques han sido exitosos? 

BA: No teníamos un centro de vacunación en el barrio. Entonces, empezamos a trabajar con socios de coaliciones, y empezamos a tener conversaciones con la ciudad, exigiendo que nos dieran un centro de vacunación. Por fin recibimos el centro de vacunación en el barrio y estábamos como “Sí, un gran triunfo.” Y sabemos que, en nuestra comunidad, los jóvenes pueden ayudar a los residentes más viejos a navegar el proceso de registrarse para la vacuna. Entonces pensamos, ¿por qué no matamos dos pájaros de un tiro? ¿Por qué no contratamos personas jóvenes que están desconectadas, lo que significa que están desempleadas, y fuera de la escuela, y los entrenamos para ayudar a residentes mayores?” Estas son las personas que pueden navegar [el sistema], registrar personas para la vacuna, y encontrarlos donde están. Entonces, contratamos a algunos jóvenes, los incorporamos, y nos instalamos en taquerías y lavanderías en todos lados. Y los primeros 1000 cupos para la vacuna se llenaron en menos de 24 horas. 

Y luego sumamos eso con nuestro trabajo con vendedores ambulantes. Nosotros [Increase the Peace] le damos a muchos vendedores ambulantes asistencia y ayuda. Les dimos $500 en efectivo a docenas en el curso de la pandemia. Entonces, pudimos vacunar a algunos de ellos. Ellos tomaban una foto y la publicaban en sus redes sociales, diciendo “oigan, me vacuné. Vengan. Vacúnense.” Continuaremos haciendo eso para amplificar esas voces porque, para nuestras comunidades, ellos son mensajeros confiables. Son las personas jóvenes, son los vendedores ambulantes, el elotero que todos conocen y aman sus elotes.  

Una de nuestras personas, como local, vende churros afuera de las iglesias cuando salen las personas. Todos lo conocen, ¿sí? Pues, él recibió su vacuna y no solo está en las redes sociales, sino también en la calle, y le damos unos puntos de los de que hablar: “¿Agarraste la vacuna? Sí, ya la agarré en la 46 y Bishop.” Boom, está difundiendo el mensaje. Sí, las palabras de confianza viajan rápidamente. Muchas personas, especialmente socios de la ciudad, estaban asombrados de lo rápido que pudimos registrar a las personas para la vacuna, simplemente porque confiamos en las personas en la calle y les dimos las herramientas. 

IFYC: Después de seis, nueve o doce meses, dependiendo de cuándo oficialmente entraron a cuarentena… ¿Comprar unos churros? Eso me sacaría de mi casa, y de vuelta a la iglesia. Entonces, Berto, quiero hacerte una última pregunta. Algunas de las cosas de las que hemos estado hablando tienen que ver con la inequidad – inaccesibilidad, falta de recursos. Esto está causando que piense en la salud pública y la equidad en la salud pública. ¿Cree que las comunidades religiosas tienen un rol en el avance de la salud pública equitativa? Si la respuesta es sí, ¿cómo se imagina ese rol para su propia comunidad de fe? 

BA: Sí, definitivamente. Como mencioné, hay sacerdotes y monjas y diferentes personas que son parte de nuestra coalición en el barrio. Es bueno ver esa participación, porque permite que la iglesia salga a las calles y conozca las necesidades de las personas. Y una de las maneras de estar en las calles, micro-local, es participar y estar presente y comprometido. Si una relación no es recíproca, entonces no es una buena relación. Y de esa manera, los líderes religiosos, así como quieren que las personas vengan a sus espacios de fe, deben salir a los espacios de la comunidad. Esa reciprocidad puede contribuir mucho en la lucha por prácticas equitativas de salud pública. Ya sea un centro de vacunación local y participar en sitios de pruebas, más centros de salud o clínicas de salud mental, o [abordando] cualquier otro asunto que impacte la salud pública. 

Si intenta presionar por la salud pública o un cambio en salud pública para la comunidad, pero solo lo hace dentro de su propio espacio de fe, no va a producir todas las voces que necesitan estar en la mesa para pedir algunas de estas cosas. E incluso agregaré que [este enfoque] es mutuamente beneficioso. Es de interés para un espacio de fe construir esas relaciones en la comunidad. Porque yo digo, tengo la inclinación de contarle a alguien sobre la iglesia de la Pastora Donna, o estar en ese espacio y utilizar ese espacio para estar en comunidad con ella porque tengo esa relación. Y pienso que, a la larga, ese es el nombre del juego. 

IFYC:  Quiero agradecerle mucho por su tiempo y por tener esta conversación conmigo sobre lo que está ocurriendo en Back of the Yards con el Covid-19. ¿Hay alguna palabra sabia o ultimo pensamiento que quiera compartir? 

BA: Entre más podamos construir relaciones el uno con el otro, entre más podamos profundizar y fortalecer nuestra fe y aumentar nuestra empatía y cuidado por el otro, mejor. El mundo digital nos ha vuelto más cercanos, pero también un poco inconexos. Tener esas conversaciones cara a cara es crucial. Aunque amamos la tecnología, y cruza varios mares y continentes, no hay nada como las conversaciones en persona y poder estar en comunidad y trabajar con las manos y hacer algo juntos.  

Si quiere conocer más sobre el trabajo de IFYC sobre la Fe en la Vacuna, por favor haga click aquí para ver cómo puede ayudar. 

 

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